Revisionismo amable

17 Noviembre 2014
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Autor  Julio Gil Pecharromán
Stanley G. Payne y Jesús PalaciosFranco. Una biografía personal y políticaMadrid, Espasa Calpe, 2014 Señalaba hace algunos años Stanley G. Payne, en su libro Franco y José Antonio, cómo el primero es el personaje más biografiado del siglo XX español. Afirma ahora que nunca habrá sobre el general «una biografía definitiva». Y ello tanto por la frecuente aparición de nuevos enfoques historiográficos sobre Franco y su época, o por las grandes carencias documentales sobre alguien que se pasó la vida ocultando pistas, como, sobre todo, por la pasional polémica que siempre ha envuelto al personaje y su régimen, y que se alimenta en los últimos tiempos de la activación de «memorias históricas» demonizadoras y de propuestas «revisionistas» edulcorantes. Mucho ha llovido desde aquel hagiográfico Centinela de Occidente (1956) que alumbraron el periodista Luis de Galinsoga y el primo y hombre de confianza del ferrolano, Francisco Franco Salgado-Araujo. Desde entonces se han publicado docenas de biografías, peores y mejores, favorables y desfavorables. En ambos casos, más de las primeras que de las segundas. Muchas, como la difundidísima obra en fascículos de Ricardo de la Cierva, Francisco Franco, un siglo de España (1973), el ensayo de Brian Crozier, titulado en su edición española Franco. Historia y Biografía (1969), o la hiperdocumentada Franco, de Luis Suárez (2005), abordan el personaje con criterio historiográfico favorable, en una escala que abarca desde la adhesión incondicional hasta el amable esfuerzo de empatía. Parecida escala, pero en sentido negativo, recorren libros de historiadores como Juan Pablo Fusi (Franco, 1985), Carlos Fernández (El general Franco, 1983), o la extensa biografía de Paul Preston, editada en España como Franco. «Caudillo de España» (1994). Antes o después de estos libros, docenas de estudios académicos han situado su objetivo en la vida del dictador con más recorrido profesional de la Europa contemporánea. Otros ensayos sobre quien fuera conocido como «el Generalísimo» son obras de combate, destinadas a alimentar una polémica que, sin abandonar completamente los lindes del debate historiográfico, enfrenta radicalmente visiones globales de la sociedad española pasada y presente, sustanciadas en retratos de trazo grueso del militar y su régimen político. Sería el caso de Pío Moa y su Franco para antifranquistas (2005). O, con una voluntad totalmente opuesta, el de Franco, el César Superlativo (2005), de Alberto Reig Tapia, autor de otra obra adecuadamente titulada Anti-Moa (2006). En cualquier caso, aunque son ya minoría los españoles que pueden mirar atrás, con nostalgia o con ira, y recordar sus vivencias adultas del franquismo, el fenómeno biográfico sigue renovándose. Y llega así este volumen de Stanley G. Payne y Jesús Palacios, con el propósito confesado de aportar una narración «objetiva» de la vida de Franco. Y de marcar un punto de inflexión, una pausa de síntesis y reflexión, en el áspero debate alimentado desde el ámbito académico y desde los medios de comunicación sobre el dictador y su obra. No es necesario presentar la figura de Stanley George Payne a cualquier persona interesada en la España del siglo XX. Desde su rompedor estudio Falange. Historia del fascismo español (1965), el profesor estadounidense ha producido una extensa y variada obra, que le ha ganado la reputación de ser uno de los hispanistas más sólidos en el campo de la Historia. Sus aproximaciones a la vida de Franco han sido diversas, pero, hasta ahora, sin el propósito de ofrecer un estudio integral de su persona. Así, pueden destacarse El régimen de Franco, 1936-1975 (1987), Franco y José Antonio: el extraño caso del fascismo español (1997), Franco y Hitler (2008), o el libro-entrevista con la hija del dictador, Franco, mi padre (2008), escrito al alimón con Jesús Palacios. Este, por su parte, es un buen conocedor de las fuentes documentales sobre el franquismo, como puso de manifiesto en sus libros Los papeles secretos de Franco (1996), La España totalitaria (1999) y Las cartas de Franco (2005). Payne, residente en el lejano Wisconsin, pero muy activo en la definición de nuevas pautas para la historiografía hispana, se vio durante algún tiempo inmerso en la dura polémica que, sobre las causas y efectos de la Guerra Civil, estalló a comienzos de este siglo entre un mayoritario sector del contemporaneísmo «académico» español, crítico con la dictadura, y la rompedora escuela «revisionista», a la que sus rivales califican de neofranquista. En el verano de 2003 cubrió de elogios la prolija obra de Pío Moa Los mitos de la Guerra Civil, que estaba trasmitiendo a una masa de lectores conservadores las pautas del revisionismo sobre el conflicto. Luego prologó otra obra del escritor gallego, 1934: Comienza la Guerra civil. El PSOE y la Esquerra emprenden la contienda (2004). El Payne que había sido fetiche «progre» con su Falange publicada en Ruedo Ibérico, se convertía en el padrino intelectual del «revisionismo» más combativo. El tiempo ha situado las cosas en su lugar natural. La obra del tejano puede interpretarse como una visión liberal-conservadora de la reciente historia de España, estrictamente profesional y respetuosa con el juego democrático, pero enfrentada a las visiones que sitúan los parámetros fundamentales de la democracia en el campo de una izquierda que él interpreta como básicamente violenta y revolucionaria y, por tanto, antidemocrática, a lo largo de buena parte del siglo XX español. El Franco que nos presentan los autores es, pues, casi una víctima de las circunstancias. Un profesional de la milicia, ajeno a la política, que se labró un enorme prestigio en la guerra colonial. Un católico conservador que permaneció en todo momento fiel a las instituciones y a su deber para con su pueblo y que, por consiguiente, se mantuvo leal a la República liberal hasta que esta se suicidó. Si se sumó a una conspiración que no había iniciado fue porque consideró que el peligro revolucionario era extremo y que el régimen democrático había dejado de existir. Franco habría reaccionado, pues, ante una guerra civil preparada, y ya iniciada, por la izquierda obrera antes del 18 de julio. Pero no sitúan los autores su comienzo en octubre de 1934, como han hecho algunos revisionistas, sino a finales de la primavera de 1936, cuando Franco advirtió la inminencia de la revolución: «Sólo cambió su actitud cuando la situación alcanzó el punto de ruptura con los socialistas, al provocar estos intencionadamente una reacción militar, que desatara la revolución para que la izquierda radical se hiciera con él poder». «Un giro perverso», pues, el del Frente Popular, que hizo a la izquierda «dar la bienvenida a la rebelión militar». Los párrafos destinados al análisis de la República y la Guerra Civil, así como el capítulo sobre la represión en la guerra y la posguerra son, sin duda, los que generan más polémica. La mayor parte del libro, sin embargo, se dedica a estudiar la evolución personal de un Franco que en todo momento queda identificado como un verdadero dictador, así como la dinámica política y social de la España que gobernó. Una evolución que los autores caracterizan desde el Estado totalitario y fascistizado de 1937-1942 hasta el desideologizado conservadurismo tecnocrático, la «dictadura de desarrollo» de los tres últimos lustros del régimen. La mirada es, en general, benévola y el balance global, positivo. En cierto momento señalan que el nivel de la corrupción en el franquismo era menor que el de la amparada por los gobiernos democráticos a partir de 1977, caracterizados hasta hoy por «un sistema de corrupción sin límite». Se pone el énfasis en los logros económicos y la modernización social que posibilitó el régimen de Franco, y que se sitúan en la base del posterior proceso democratizador, por más que también queden patentes, aunque un tanto difuminados en el conjunto, los aspectos más oscuros del sistema dictatorial y se resalten las limitaciones y contradicciones de la personalidad de su fundador. A falta de un archivo personal, o de unas memorias extensas del personaje, pocas son las aportaciones documentales que aún cabe esperar sobre Franco. El libro es, fundamentalmente, una síntesis muy clarificadora y un estado de la cuestión que no busca cerrar el ciclo biográfico, pero sí actualizarlo. Lo más novedoso son los abundantes recuerdos de su hija Carmen, obviamente subjetivos y de un simplismo desolador en lo político, pero con apuntes curiosos sobre la intimidad de su padre. Por ejemplo, que Franco cantaba zarzuela, pero sólo en el coche cuando viajaba de vacaciones con la familia en la preguerra. Frente a dictadores neuróticos o paranoicos, como Hitler y Stalin, o vitalistas en exceso, como Mussolini, el Franco que describen Payne y Palacios es un tipo normal, tirando a gris, buen padre y marido, inteligente pero no especialmente culto, e imbuido del deber autoimpuesto de regenerar España y asegurar su progreso, de carácter frio, aunque también duro hasta la crueldad cuando lo estimaba conveniente. Sobre una vida tan poco estimulante en lo personal no puede contarse mucho, al margen de los abundantes rumores y habladurías que llegaban a la opinión pública. Pero los autores dedican un capítulo entero, titulado «Franco de puertas hacia adentro», a estudiar la personalidad del dictador y su estilo de vida, capítulo que constituye una de las partes más logradas del volumen. La edición del libro es esmerada y el estilo literario, sobrio e informativo, aunque quienes no vivieron la época pueden echar en falta un repertorio fotográfico que les permita poner cara a los principales personajes. Sorprende por ello al lector la localización de algunas erratas curiosas. Así, cuando se asegura que el vuelo del Plus Ultra «tuvo el reconocimiento entusiasta del gobierno español y de los demás gobiernos de Iberoamérica» (p.71). O cuando los autores afirman que Nicolás Franco era «el más convencional» de «todos los hermanos» para asegurar, diez líneas después, que «Pilar fue la más convencional de todos los hermanos» (pp. 18-19). Lo mejor que puede decirse de este libro es que es un trabajo muy profesional, en el que el hilo biográfico va explicando la Historia con mayúscula, en un ejercicio especialmente útil para el gran público lector. Y que los autores, en busca del nivel de objetividad autoimpuesto, intentan equilibrar el balance de los contenidos a fin de superar el largo y duro combate de argumentos y descalificaciones entre antifranquistas y neofranquistas. Lo peor que puede señalarse es que no siempre lo consiguen y que algunas de sus tesis, aunque sin las estridencias de otros, se aproximan a esa corriente «revisionista» que quiere hacer amable a quienes no la vivieron una dictadura que castigó con dureza cualquier disidencia y hurtó las libertades políticas y personales a su pueblo durante casi medio siglo. Julio Gil Pecharromán es profesor de Historia Contemporánea en la UNED. Sus últimos libros son Niceto Alcalá Zamora. Un liberal en la encrucijada (Madrid, Síntesis, 2005), La política exterior el franquismo. Entre Hendaya y El Aaiún (Barcelona, Flor del viento, 2008), Con permiso de la autoridad. La España de Franco (1939-1975) (Madrid, Temas de Hoy, 2008) y El movimiento Nacional. 1937-1977 (Barcelona, Planeta, 2013).

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