Ibn Jaldún, el colapso de la civilización árabe
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17 Marzo 2015
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Nunca como ahora el mundo árabe y musulmán ha dado tanto la impresión de ir a la deriva y sin rumbo. Todos sus grandes problemas siguen sin solución: el subdesarrollo económico y social, el crecimiento del integrismo religioso, el fanatismo religioso, el terrorismo fundamentalista, la inexistencia de libertades personales, la democratización, etc. Pero el más grave de todos estos problemas es el crecimiento del pensamiento islámico tradicional y radical, que causa de manera directa inestabilidad en todos los sistemas políticos árabes y musulmanes, que en sí no son nada más que unos sistemas políticos prisioneros de su historia árabe islámica y encaminados, al igual que el integrismo religioso, hacia la esclavización del espíritu y la razón humana. Desde hace tiempo me pregunto a mí mismo ¿por qué los árabes no hemos podido penetrar en la modernidad y por qué no podemos dar respuestas adecuadas y realistas a los retos políticos y sociales que nos plantea la civilización moderna? Por otro lado, me pregunto ¿por qué no hemos sido capaces de controlar los sistemas políticos, en vez de ser controlados por ellos. ¿Cuáles son los elementos que frenan este desarrollo social, político e intelectual y producen este colapso permanente de la civilización árabe musulmana? En la búsqueda de respuestas a estas preguntas me doy cuenta de que los árabes y los musulmanes, quizás somos los seres naturales históricos más arraigados y prisioneros de su historia antigua y de su tradición religiosa medieval. Desde esta verdad, pienso que debo profundizar en la cuestión y buscar contestación a mis preguntas. Toda la existencia árabe-musulmana está ligada a esta verdad, la historia es el gran intermediario entre nuestra existencia natural y nuestra existencia personal, es decir, una lucha entre lo natural y lo histórico. La cultura árabe es el resultado de un sistema social patriarcal. Es la cultura de la mentalidad cerrada que bloquea todos los intentos de cuestionar lo establecido, de investigar y de pensar de forma independiente sobre un sistema de valores donde los componentes individuales no juegan un papel importante en su desarrollo. Es un sistema cultural controlado por una dinámica peculiar e independiente que le permite neutralizar las fuerzas de cambio social procedentes de fuera de sus fronteras culturales, y que al mismo tiempo, aprovecha la aparición de cualquier cambio social y cultural para afirmar y potenciar las fuerzas y las estructuras que determinan su sistema cultural; como la familia extendida, el clan, la tribu y la secta religiosa, además de defender ciegamente el discurso histórico antiguo. Este sistema cultural de la sociedad árabe no puede ser nada más que un sistema de una sociedad contradictoria, anárquica e impotente en el marco de la civilización moderna. En cierta ocasión me llamó la atención que un político árabe propusiera quemar los libros del historiador y político árabe de origen sevillano Ibn Jaldún, y profanar su tumba en el nombre de la nación árabe. El político, en cuestión, consideraba que el pensamiento de Ibn Jaldún era un pensamiento desconsiderado y crítico con los árabes y que debía desaparecer. Efectivamente, encontramos diversas observaciones y consideraciones críticas sobre la realidad social y política árabe islámica que pueden constituir en sí una teoría sociopolítica capaz de explicar muchos aspectos de la vida árabe de forma crítica, objetiva y científica, y que sea capaz de ayudarnos a explicar el colapso y la decadencia de esta civilización. El gran pensador José Ortega y Gasset nos propone que Ibn Jaldún puede ser muy útil para entender la sociedad árabe musulmana, su conflictividad y su estancamiento. Según el filósofo español, "es preciso que preguntemos a un indígena, a un hombre intacto por nuestras ideas, para quien la realidad sea primordialmente la realidad africana. Lo malo es que los indígenas de África no suelen ser pensadores, aún cuando estudian y escriben libros históricos. Ese prodigioso acto -la gran hazaña de la mente-, en el cual el individuo se remueve frente y, en cierto modo, contra la realidad circundante y construye un esquema conceptual de ella -red con que la prende-, se ha cumplido muy pocas veces en África. Afortunadamente, hay una egregia excepción. Un africano genial, de mente tan clara y tan pulidora de ideas como la de un griego, va a introducirnos en ese orbe histórico, donde nuestro espíritu no logra hacer pie. Es Abenjaldún, el filósofo de la historia africana" (Ortega y Gasset 1983, pág 669 y Vol. VIII El Espectador, Abenjaldún nos revela el secreto (1927-1928). Hay que añadir que su obra no es simplemente una reliquia del pasado, lo cual en sus condiciones y época ya sería destacable y digno de la máxima consideración, sino que su penetrante y acertada descripción de aquellas estructuras sociales y políticas tienen una actualidad viva para comprender y explicar los procesos actuales del mundo árabe y su papel en los acontecimientos de nuestro tiempo. Así lo expresa Yves Lacoste: "Descubrir el pensamiento de Ibn Jaldún no es desorientarse en un orientalismo de la Edad Media, ni evadirse hacia el pasado lejano de un país exótico, ni complacerse en un debate historiográfico que puede parecer un poco académico. Estudiar la obra de ibn Jaldún no es volver la espalda a nuestro tiempo sino, más bien, hacer avanzar el análisis de las causas profundas del más grave de nuestros problemas actuales... Sus actuales consecuencias son considerables" Ibn Jaldún vivió, observó y participó, intelectual y políticamente, en los acontecimientos de una época de crisis, de colapso y de decadencia de la civilización árabe y musulmana, similar en muchos aspectos a la situación que vivimos los árabes y musulmanes hoy. Observó el comportamiento de distintas estructuras sociales que componen la sociedad musulmana de forma imparcial y objetiva. Explicó, analizó y criticó aquella sociedad, su historia, sus relaciones sociales, sus relaciones políticas e intelectuales, su economía política, sus formas de pensar y su religiosidad, y lo hizo de una manera distinta a la habitual en el pensamiento árabe y musulmán, adoptando un punto de vista objetivo y científico que le convierte en un contestatario. Es el único intelectual árabe que nos puede aclarar el problema de la conflictividad entre la sociedad islámica y otras civilizaciones, el enfrentamiento y conflicto permanente en la sociedad y la política árabe actual, el problema del subdesarrollo y los factores internos y externos que determinan el comportamiento social y político y definen el aspecto actual de los valores de la sociedad árabe musulmana. Desde esta perspectiva, nos proponemos analizar si Ibn Jaldún en sus teorías identificó las variables que condujeron a la decadencia de la civilización musulmana y constituyeron la base de una lucha entre lo tradicional y lo moderno, lo fanático y lo racional, asimismo destacaremos su análisis del evolucionismo, del cambio que se produce en la sociedad y la influencia de la religión en estos procesos evolutivos. La época de Ibn Jaldún se caracteriza por el desorden político social e intelectual que vivió el mundo árabe musulmán, así como por el colapso de la situación económica, social y cultural. Las tribus nómadas de árabes, turcos, mongoles, beréberes y los gobernantes de los restos del imperio árabe musulmán, crearon una situación de opresión a consecuencia del imperio de la fuerza, que se afinca a sangre y hierro para conseguir los fines políticos, imponer las ideas religiosas, satisfacer sus ambiciones y luchar por la subsistencia. La sociedad árabe musulmana en aquel tiempo sufrió un estado de descomposición social e intelectual llegando a su decadencia total, como consecuencia de la imposición de guerras y conflictos políticos, casi siempre encaminados a hacer triunfar una causa religiosa fanática. Todos los grupos sociales y políticos que han hecho mover la historia árabe musulmana eran grupos dirigidos ideológicamente por santones y místicos que actuaron y justificaron sus matanzas en el nombre de la Yihad islámica El gran marco teórico de los pensamientos de Ibn Jaldún y sus observaciones lo constituyen el colapso y la caída de la civilización árabe musulmana. Su testimonio es imprescindible para conocer los elementos determinantes de la decadencia de esta civilización en el pasado y la influencia que éstos pueden ejercer en el presente. La experiencia política que sufrió Ibn Jaldún constituye una fuente principal de su pensamiento sociológico y político. Vivió muchos años entre reyes y príncipes y observó sus comportamientos y sus formas de pensar, conoció a los grandes actores de la política de su época: el rey de Castilla, Pedro I, el rey de Granada, Mohamed V, todos los príncipes del Magreb y el caudillo mongol Tamerlán. Convivió más de diez años entre las tribus nómadas, como refugiado unas veces, y como representante de los príncipes del Magreb otras. Conoció la naturaleza de esta sociedad primitiva, semisalvaje. Analizó su visión del mundo y observó su comportamiento. Descubrió que el origen de toda sociedad sedentaria árabe-musulmana es el desierto y las tribus nómadas, y que la desestabilización, las guerras y el desorden de su época eran consecuencia de un conflicto de valores entre esas dos mentalidades y formas de vida; una semisalvaje, casi bárbara, y otra civilizada. La obra maestra de Ibn Jaldún es La Introducción a la Historia Universal (Al- Muqaddimah). Constituye una obra única en su género en la literatura árabe desconocida por los investigadores musulmanes de la era moderna hasta su descubrimiento en el siglo XIX por los occidentales como una obra científica, importantísima por su contenido y su método científico. Es la primera obra creada por una mente humana que trata de la historia como ciencia basada en términos reales y no en términos teológicos o metafísicos. Es la única obra que nos describe con gran imparcialidad cómo vivían los árabes, cómo actuaban, cómo pensaban. Todos estos elementos y otros muchos los clasificó dentro del marco de una ciencia nueva que no es la historia humana ni es la política, sino el enlace entre las dos, y la llama La Ciencia del Omran (Civilización y Progreso Humano). En otras palabras, es una ciencia que estudia la sociabilidad del ser humano, la sociedad humana, y es lógico que la equiparemos a la disciplina de la Sociología. La teoría jalduniana niega que los acontecimientos sociales se produzcan por casualidad, por intervención divina o sin orden; sostiene, en cambio, que dichos acontecimientos se desarrollan según leyes que nacen de la realidad social e histórica y que dirigen y conducen el movimiento social. Para encontrar estas leyes hay que buscarlas en la misma sociedad y no en el conocimiento divino. Los fenómenos sociales que se producen en una sociedad deben ser examinados en su conjunto a través de la correlación y la interacción que unen estos fenómenos como un "Todo", compuesto por partes compactas que interaccionan entre sí. Pero este Todo está dominado por unos elementos que están muy alejados del contenido esencial de la sociedad y su influencia es determinante. De ahí que nos encontramos ante dos grupos distintos de leyes: las que están relacionadas directamente con los fenómenos sociales y las leyes independientes de la sociedad, que obedecen a fenómenos naturales como la influencia del factor geográfico, los fenómenos relacionados con el clima y la naturaleza, la influencia del ecosistema y la influencia del factor religioso, como un factor externo en la sociedad humana. La teoría jalduniana no olvida la influencia de la evolución natural y social. El hombre es un ser histórico y social que está rodeado de cosas que están influyendo en él constantemente; el calor y el frío, la alimentación, el hambre, la abundancia, la escasez, la cultura, la forma de la religión, la formación recibida, el modo de vivir económico. Por ello, el hombre evoluciona natural y socialmente y hace evolucionar la sociedad y las cosas que le rodean. El marco teórico de la teoría sociológica jalduniana es el conflicto social entre dos civilizaciones o dos sociedades: la sociedad nómada y la sociedad sedentaria. Cada una de ellas encierra en sí fenómenos sociales propios que se derivan del modo de vivir económico de cada una de estas sociedades y de la influencia de factores externos que determinan al final el aspecto de una sociedad u otra. Cada una de estas sociedades tiene características propias que la hace diferente de cualquier otra sociedad primitiva. La vida en el desierto de la sociedad nómada, distribuida por grupos sociales unidos por el linaje común de la tribu, es la que marca su existencia en una vida de conquistas y guerras permanentes por el agua y por los pastos, dada la escasez de estos productos de la naturaleza, y por efecto de la climatología, donde el individuo no cultiva, ni orienta, ni controla su producción. Mientras, la población crece de forma natural y empuja a las tribus a moverse para tratar de conquistar violentamente nuevos lugares donde existan estos productos de la naturaleza, base fundamental de su modo de subsistir como es la cría de camellos, el aislamiento de los grandes centros urbanos habituados a un vivir semisalvaje. Su modo de vivir nómada ordena la mayor parte de sus comportamientos y de sus reacciones. Este grupo social se pliega a las exigencias de su rebaño, condicionado por el ciclo anual del clima y la vegetación que, finalmente, se impone como el amo de la situación. El hombre nómada está hecho por la naturaleza y por las exigencias de su ganado y es particularmente favorable a la eliminación de todo trabajo de construcción material e intelectual. Su mayor fuerza reside en la solidaridad social con los suyos, su assabiya o su fanatismo tribal que es el responsable del movimiento de la historia árabe musulmana. La teoría sociológica jalduniana consiste en explicar dos aspectos de la vida social, uno estático y otro dinámico. Lo estático se refiere a los fenómenos económicos, sociales, psicológicos, culturales y políticos de la vida nómada y la vida sedentaria. El aspecto dinámico se presenta en el estudio de la interacción y el conflicto social entre las civilizaciones, nómada y sedentaria, y los fenómenos sociales y políticos que surgen de este conflicto. El motor principal de esta interacción y conflicto es al assabiya. Al assabiya es uno de los términos más utilizados en la teoría jalduniana para ayudarnos a medir la fuerza de la solidaridad social y la compactación de un grupo social. Al assabiya es un concepto social, psicológico, natural y político que no sólo caracteriza la sociedad nómada sino, también, otras sociedades y otros pueblos, aunque su grado de densidad es diferente de una sociedad a otra y de un pueblo a otro. Su densidad máxima está radicada en los grupos sociales primitivos, las tribus. Este concepto es la base fundamental para la explicación histórica y política de la vida social árabe y musulmana y es el factor responsable de la aparición del conflicto social. El Estado árabe musulmán, como institución social y política, es el resultado más destacado de al assabiya , y es, al mismo tiempo, su objetivo natural: el poder. El Estado no puede existir sin la colaboración y la organización social que regulan el comportamiento de los súbditos. En este caso, la religión no es imprescindible, pero sí es útil porque facilita la obediencia y refuerza la unión del grupo social y su assabiya. El Estado se basa principalmente en este elemento de al assabiya como fuerza y número de componentes. En segundo lugar, la teoría jalduniana nos plantea la importancia suprema del factor financiero y del dinero que sostiene al Estado. Cuando se produce la debilidad en alguno de estos elementos, especialmente el de al assabiya a consecuencia del lujo y la opulencia que ofrece la vida sedentaria, el Estado, que no es más que una corporación nómada que consiguió el poder por la fuerza encaminada a hacer triunfar una causa religiosa, entra en su fase de decadencia. Esta desorganización social precipita a su vez el colapso y la decadencia de toda una civilización y el surgimiento de una nueva assabiya , y una nueva fuerza capaz de sustituir el imperio, crear un nuevo Estado y hacer avanzar la civilización nómada con el paso del tiempo hacia un Estado más civilizado, como es la sociedad sedentaria. Una sociedad y un Estado al que uno se deja llevar por el amor al bienestar y al reposo. Se pierde el carácter austero de la vida nómada y su espíritu de al assabiya juntamente con su bravura. Entonces, una vez más, la fuerza motora en la teoría jalduniana y en la dialéctica social árabe es al assabiya y no el esfuerzo individual. A pesar de que la clasificación de la sociedad árabe y musulmana hecha por Ibn Jaldún no dista mucho de la realidad social actual, encontramos que algunas de sus consideraciones no son ciertas en la sociedad árabe moderna. Los grupos sociales primitivos y nómadas, que han hecho mover la historia árabe musulmana, ya no son capaces de determinar directamente la vida política. El nómada ya no constituye un peligro físico para la sociedad sedentaria por su sumisión a los gobiernos centrales y su emigración a la ciudad. A pesar de este cambio en la vida económica y a pesar del desarrollo social y tecnológico moderno, el nómada convertido en sedentario mantiene su sistema de valores. Los valores del desierto forman parte fundamental de la personalidad en las sociedades sedentarias árabes. El nómada o el campesino, casi siempre de origen nómada, se establece en la ciudad y trata de imponer su sistema de valores sobre la civilización sedentaria. En las ciudades árabes se observa cómo el emigrante del campo pocas veces se integra en la sociedad urbana. Crea sus propios barrios donde impone su tradición. También observamos que muchos de los valores de la sociedad sedentaria jalduniana, especialmente los que se refieren a la política, siguen actuando y controlando la sociedad sedentaria árabe actual, como el excesivo lujo, la ley de los vencedores y vencidos, donde el ciudadano es un vencido y como tal tiene que actuar el poder político como medio de enriquecimiento, la autocracia y la consideración del gobernante como un semidiós en la tierra. La imposición del principio de la fuerza hace que la libre elección de los ciudadanos sea precaria y la alternancia en el poder de modo pacífico, tarea casi imposible. Las revueltas, las intrigas y las revoluciones, fenómenos de la vida política árabe, constituyen el gran problema de la desestabilización de la vida política y social. Quizás se alegraría Ibn Jaldún si supiera que el espíritu de su teoría política basada en al assabiya, la fuerza y la espada sigue siendo aplicable en nuestro siglo XXI y es la que hace mover la historia árabe moderna. Esto nos lleva a afirmar que el concepto de al assabiya jalduniano, su aplicación y su influencia en la vida primitiva, rural y urbana, constituye una categoría de pensamiento imprescindible para analizar el mundo árabe y musulmán. El discurso histórico tradicional árabe musulmán, considerado como erróneo metodológicamente por la teoría jalduniana, representa hasta la actualidad la base fundamental del conocimiento de la sociedad árabe e islámica. Todos los sistemas culturales árabes no han podido, en general, superar este conocimiento mágico, oral y fanático o crear un nuevo tipo de conocimiento que se adaptase al conocimiento que requiere la civilización moderna o al Omran moderno. La visión del mundo dominante en la actual sociedad árabe musulmana convierte esta sociedad en prisionera del discurso histórico basado en la leyenda, la fábula, la tradición y en una historia de falsedades. Este discurso está condicionado por la influencia de dos factores determinantes: el Islam tradicional como doctrina socio-política y la transferencia de los valores nómadas a la vida urbana actual. Son valores sociales que constituyen la base de la personalidad en la sociedad árabe. Las ciencias de la religión y de la tradición islámica, analizadas por Ibn Jaldún, tendentes a adaptar el Islam a las nuevas realidades sociales, presentan un estancamiento importante debido a la utilización de los mismos conceptos socio-religiosos de la era jalduniana y de las mismas fuentes doctrinales. No existe, ni se permite, una nueva interpretación de Alcorán o las charlas del profeta. La mayoría de las instituciones religiosas islámicas, además de defender el discurso histórico antiguo, son reacias a aceptar cualquier renovación que trate de convertir el Islam nómada en un Islam democrático y civilizado. Tratan de mantener el imperativo religioso en la sociedad árabe por todos los medios, incluso mediante el uso de la fuerza. Las fuentes de las actuales ciencias de la religión islámica han variado muy poco desde hace más de diez siglos. Son las mismas obras, explicaciones y teorías de los filósofos greco árabes o de los sufíes y místicos de los siglos VIII-X. En la sociedad árabe musulmana actual persiste el viejo principio jalduniano de la presencia de la causa religiosa como elemento fundamental en la vida política, con un objetivo claro: imponer el discurso histórico árabe musulmán tradicional y los valores islámicos absolutos. Valores basados en el nomadismo. Los movimientos islamistas adquieren una gran fuerza social y política como consecuencia del fracaso de las demás ideologías, del vacío ideológico que dejan en la sociedad la incapacidad de dar respuestas adecuadas a los estímulos y los desafíos que experimenta la civilización árabe a lo largo del siglo XX y en esta primera década y media del siglo XXI. Los islamistas tienen una ideología fácil de entender y difícil de cuestionar por las clases populares que están inmersas en una religiosidad omnipresente y en los valores sociales tradicionales de la antigua sociedad árabe y de su discurso histórico. Existen tres factores principales que pueden explicar el comportamiento y la actuación política de los grupos fundamentalistas islamistas. El primer factor es de carácter ideológico basado en el Islam primitivo como doctrina política y religiosa, que unifica diferentes pueblos de diferentes naciones, etnia y sectas. Según esta ideología, el individuo está destinado por voluntad divina a la misión que debe cumplir. Esta misión es Al Yihad: la lucha para defender al Islam contra los peligros que amenazan la nación islámica. Este principio ideológico produce una assabiya islámica, que ha sido bien definido por Ibn Jaldún al tratar el imponente despliegue de fuerzas que experimentó el Islam primitivo y los posteriores grandes movimientos islamistas y tribales. El segundo factor es de carácter sociológico, y se refiere al assabiya tribal. Los movimientos islamistas muy ligados a lo tradicional, a lo tribal y a lo nómada, aprovechan este sentimiento de al assabiya en su dimensión psicológica, para construir una nueva assabiya islámica religiosa, destinada a la creación de una solidaridad social con una nación islámica que sobrepasa lo étnico y lo nacional para alcanzar su sentido más universal. Al assabiya exige la subordinación del individuo al grupo, exige el sacrificio por las normas del grupo y exige un fanatismo ciego para la defensa de las razones ideológicas. El tercer factor es un factor de carácter socio-económico y tiene que ver con la crisis económica permanente que sufre el mundo árabe a causa de los fracasos de las políticas económicas, que conducen al empobrecimiento de las condiciones de la vida de la gran mayoría de la población y a la aparición de una gran desigualdad social, que empuja a la población a encerrarse en los valores absolutos de su cultura religiosa. Los movimientos islamistas, en este caso, ofrecen la posibilidad de movilización, dentro de la escala social, de una clase a otra a través de la actividad política, hecho que podemos observar en varias sociedades árabes, pero especialmente en la actual sociedad iraquí bajo la ocupación de EE.UU. Los movimientos wahabiys pagan un sueldo a cada miembro de su organización. Las milicias, shiíes o suníes, dan derecho a sus miembros para hacerse con los bienes de sus adversarios políticos, los bienes del Estado y los bienes de los contrarios. Es el pillaje al puro estilo nómada observado por Ibn Jaldún. Y finalmente, puedo concluir afirmando que los grandes responsables de los grandes fracasos de la civilización árabe y musulmana, son el discurso histórico tradicional árabe musulmán, radicalmente erróneo, y los valores sociales de la civilización nómada tan arraigados en la sociedad sedentaria árabe actual. Estos dos elementos son el muro que impide el avance hacia una verdadera civilización moderna, mientras apoya la esclavización de la razón humana.

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