Independencia sin libertad

02 Octubre 2015
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Nada bueno podía salir de unas elecciones autonómicas travestidas de carácter plebiscitario. En plena crisis económica, los catalanes tienen un gobierno que, en lugar de sentar las bases de la recuperación, se dedica a promover su separación de España. La verdad es la primera víctima del proceso soberanista, que sepan los catalanes que la siguiente presa de la independencia será su libertad. Todo resultado de unas elecciones tiene muchos matices, pero las del pasado domingo dejan pocas dudas sobre la situación en Cataluña. La división es evidente pese a la victoria del Junts pel sí. Los 62 escaños de la plataforma independentista son 9 menos que los logrados por Convergencia i Unió más Esquerra Republicana de Catalunya en 2012, cuando alcanzaron los 71 escaños. Ni siquiera el ascenso de la CUP, que ha pasado de 3 a 10 escaños, evita el descenso independentista, pues entre las tres formaciones han perdido dos escaños en tres años. La victoria en el Parlament es incuestionable, pero donde no han conseguido vencer ha sido en votos, con el 47,8% de los emitidos, en 2012 los tres partidos tenían el 48%. Si contamos el total de votantes, el independentismo representa el 36,8%. Como dice el líder de ERC, Oriol Junqueras, el independentismo habría pasado de 24 escaños en 2012 (los 21 de ERC más los 3 de la CUP), a 72 en 2015 (al sumarse Convergencia, tras su separación de Unió Democràtica de Catalunya, a la causa soberanista), lo que les daría la mayoría absoluta en el Parlament y la legitimidad para comenzar la secesión. Pero las matemáticas nunca son una ciencia exacta en política, y la CUP ya ha advertido de que no investirá a Artur Mas, ni a ningún otro representante de la austeridad y la corrupción, ni favorecerá la declaración unilateral de independencia, al no haber logrado la mayoría de votos, aunque sí que pide la desobediencia civil contra las leyes que perjudiquen a los catalanes. De modo que el independentismo depende ahora de una formación antisistema, que defiende la salida de Cataluña no sólo de España, sino también del euro, de la OTAN y de la Unión Europea, a la que culpa de todos los males de los catalanes, y que con 335.000 votos representa el 8% de los votos. Estos cálculos sí que se aproximan más al escenario abierto tras las elecciones del 27 de septiembre. Cabe otra posibilidad fuera de la independencia y más allá del inmovilismo constitucional. La reforma de la Constitución para asegurar, otros dirán que forzar, el "encaje" de Cataluña en España. Esta tercera vía es la defendida por el Partido Socialista de Cataluña y por la plataforma de Podemos CatSiQueEsPot, juntos suman 27 escaños, pero de conseguir seducir a los soberanistas lograrían una amplia mayoría, 99 escaños, frente a los 36 de Ciudadanos y Partido Popular. La reforma de la Constitución para mantener a los catalanes en España pondría de inmediato a andaluces, vascos, gallegos o extremeños en una posición inferior, los reduciría a españoles de segunda, como si los privilegios se debieran al que se queja y no al que se lo merece, en este caso el conjunto de los españoles por ser nacionales de un mismo país, sin distinción alguna entre ellos. La reforma Constitucional se debe hacer para adaptar nuestra ley fundamental a la realidad presente y futura, y así reforzar nuestro sistema democrático, no para contentar a nadie a cualquier coste con tal de mantener la unidad nacional. Por tanto, reforma de la Constitución sí, pero amplia y valiente, que nos afecte a todos , y no limitada a unos pocos. Entonces, ¿cómo es que dos partidos que defienden posturas similares han cosechado resultados tan dispares en las elecciones? De los 25 escaños de Ciudadanos, casi triplicando sus anteriores resultados, a los 11 del Partido Popular, perdiendo 8, media un abismo. En Génova siempre han tenido un problema con los nacionalismos radicales, no con los moderados con los que no han tenido problema a la hora de aliarse o pactar. Y tampoco ha sabido enfrentarse a un nuevo rival dentro de su espectro ideológico. Instalados confortablemente en su mayoría absoluta, como si ésta fuera eterna, han decidido como estrategia para resolver todo problema adoptar el carácter de su líder, consistente en dejar hacer a los demás mientras yo me mantengo al margen bajo la convicción de que tarde o temprano los problemas se resuelven solos, cuando en realidad no hacen más que enquistarse. Tampoco el de Cataluña se resuelve solo, necesita de la implicación de todos los actores para su resolución. Por si fuera poco, el tener que esperar a diciembre para saber quién ocupará la Moncloa añade aún más incertidumbre si cabe. Rajoy hace tiempo que ha decidido dejar a su sucesor la patata caliente catalana, que sea otro el que se queme, pues nadie a estas alturas puede creer en su reelección, y menos tras los últimos resultados. Lo que el Partido Popular no ha comprendido es que el separatismo catalán no se puede vencer sin los catalanes, no se trata de prometerles más que al resto de españoles, sino de ofrecer una propuesta atractiva de futuro compartido, y no amenazas y desplantes. Claro que para que dicha estrategia funcione, los catalanes deben de estar dispuestos a escuchar, a dejarse convencer, algo que no está muy claro dado el uso partidista que los independentistas han hecho de las instituciones catalanas, presentando al soberanismo como la única opción viable, mientras que el resto de posturas han sido demonizadas y calificadas de traición a la causa catalana. Pero ¿qué causa es esa? ¿La de la libertad de los catalanes? ¿De todos los catalanes o solo de los que no se sienten españoles? Y ¿de verdad una Cataluña independiente defenderá su libertad mejor que la ha defendido dentro de España? Me temo que Artur Mas confunde la libertad con la impunidad, y sus socios son cómplices de querer tapar sus múltiples casos de corrupción bajo la estelada. ¿Qué catalán hoy no es libre de expresar sus opiniones? Desde luego no los independentistas. ¿Qué catalán hoy es privado de vivir conforme a su cultura, respetando su idioma y sus costumbres? Desde luego no los independentistas. ¿Qué catalán hoy es discriminado ante las instituciones, nacionales o autonómicas, por ser catalán? Desde luego no los independentistas. Entonces, ¿el problema reside en que el catalanismo independentista no necesita ya del resto de España para disfrutar de sus libertades, y ansía lograr su soberanía para disfrutar de pleno derecho de las mismas, sin deber nada a nadie? Perfecto, sepan ustedes que todas sus libertades se deben precisamente a que han sido garantizadas por el Estado español en su conjunto, con sus instituciones centrales, autonómicas y locales, todas respaldadas por las europeas. Es decir, ha sido la cooperación de todos en distintos niveles lo que nos ha permitido por primera vez disfrutar sin miedo de la libertad con mayúsculas, ya sea en el Ampurdán, en Torrijos o en El Bierzo. Ahora ustedes pretenden que eso se mantenga bajo un proyecto basado en la exclusión. Ya es hora de que se den cuenta que eso no funcionará. La independencia une ahora a todos los partidos soberanistas, pero una vez lograda todo les separará, dadas las diferencias ideológicas entre ellos existentes. Además, el proyecto soberanista no respetará a quienes no lo respaldan, forzará a aquellos disconformes con la independencia o bien a abandonar Cataluña o bien a abdicar de sus ideas, ¿acaso es eso precisamente lo que les a pasa ahora a los independentistas? No lo creo, tienen sus canales de expresión, sus partidos en el Parlament, que nadie cuestiona. Nadie en este país les niega su derecho a tener tales aspiraciones, lo que no se comparte es que quieran convertir un sentir minoritario, amplio, pero minoritario, en expresión de una supuesta voluntad general catalana, sin consideración alguna por la soberanía nacional, que en este país reside en el conjunto de los españoles. El propio Mas lo dijo hace años, ni siquiera la mitad más uno está legitimado para decidir el futuro de todos los catalanes. Si para reformar su Estatuto de Autonomía se necesita la aprobación de dos terceras partes de su Parlamento, ¿cómo va a ser suficiente con una mayoría simple declarar unilateralmente su independencia? Pero supongamos que lograsen la independencia aún sin contar siquiera con el 50% de los catalanes. ¿Les haría eso más libres? Si algo nos ha demostrado la reciente crisis financiera es que los problemas actuales no tienen solución a nivel nacional, han de resolverse internacionalmente, lo que implica mayor cooperación cuando no mayor integración en estructuras supranacionales. ¿Podría Cataluña resolver sus problemas económicos e institucionales fuera de España y de la Unión Europea? Lo dudo mucho. Junqueras pone como ejemplo de países pequeños que les ha ido bien a Suiza y Luxemburgo, igual es que sus socios políticos pretenden repatriar todo el dinero estafado y convertir a Cataluña en un paraíso fiscal, no lo sé, pero lo cierto es que una Cataluña fuera del euro tendría una moneda sin valor alguno, con una valoración crediticia de bono basura, y sin poder financiarse en el exterior ¿cómo mantendría los servicios sociales que hoy disfrutan los catalanes gracias a la solidaridad de todos los españoles, incluidos ellos mismos? Por descontando que una Cataluña independiente saldría de la Unión Europea, mienten descaradamente quienes lo niegan, pero es que además le sería imposible integrarse, no sólo contaría con el no de Madrid, París y otras capitales se negarían a crear un peligroso precedente para sus propios países. Cataluña fuera de Europa tendría que negociar nuevos contratos comerciales, sí, pero es que además su integración en organizaciones internacionales como la OMC o la propia ONU no estaría asegurada, pues muchos países se negarían a reconocerla, y sin esa integración quedaría relegada al papel de Estado paria, a la búsqueda de un protector exterior dispuesto a valerse de su debilidad para perjudicar a Europa y Occidente. Pero lo peor de todo, como el proceso soberanista está basado por entero en el falseamiento de la historia y en la radicalización del discurso independentista, el futuro Estado catalán no tendría más remedio que recurrir al control para mantener la ficción de su proyecto, más aún con el marasmo económico que se les vendría encima. Para la paranoia nacionalista la democracia es un estorbo, todos son sus enemigos, todos salvo ellos tienen la culpa de cuanto les sucede, y todo cuanto quede fuera de su discurso no tiene cabida dentro de su programa. Una Cataluña independiente sería menos democrática, como demuestra el escaso respeto de los líderes de Junts pel sí por la voluntad del resto de opciones políticas, despreciando o asimilando, según les convenga, el voto ajeno. Si ahora ya sucede, en una Cataluña independiente la educación, los medios de comunicación y todo el aparato institucional estarían al servicio del independentismo, no del desarrollo de los catalanes, sino de la defensa de la independencia y de sus supuestos líderes. Uno puede creerse independiente porque cambia de bandera, pero no por ello será más libre. Uno es libre cuando puede elegir la opción política que más le conviene, cuando en un Estado de derecho no ha de temer procesos injustos, cuando puede disfrutar de los servicios públicos pagados con el esfuerzo de todos, y cuando ninguna minoría puede imponer su voluntad al resto de la sociedad en contra de sus deseos. Una Cataluña independiente sería lo contrario de todo lo anterior, se reduciría a un pequeño Estado autoritario en plena regresión económica, política y social, como tantas veces hemos visto y vemos en procesos políticos radicales que, sin contar con un apoyo mayoritario, son impuestos al conjunto de la sociedad como verdaderos artículos de fe. El problema de los catalanes no es España, sino la corrupción, la sucesión de malos gobiernos, el paro, la crisis económica...lacras que con la independencia no harían más que agravarse. Muchos catalanes ya han decidido entre el radicalismo y la verdad, es el momento de que elijan de nuevo, sabiendo que con la independencia se juegan su libertad, con todas sus consecuencias.

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